
Hace pocos días te encontrabas lamiendo la suela de tu zapato en público. ¡Bien hecho! En aquel momento, seguramente tenías una razón completamente racional para hacerlo o, simplemente, tenías ganas. Es completamente válido. No te restrinjas. Si lo haces, la próxima vez no estarás lamiendo tu propia suela, sino la de un desconocido (que tampoco estaría mal, ¿por qué tener que pensar en lo que podría sentir un completo extraño? Es más, para eso están).
Una expresión que me desagrada en demasía es "entrar en razón." Sin embargo si, de manera posterior a tu comportamiento, lo hiciste, es muy probable que te hayas sentido avergonzado, hasta invadido por un sentimiento de culpa.
¿Volverá a pasar? Te preguntas preocupado frente al espejo mientras bailas a la hermosísima melodía de "Goodbye Horses" porque alguna vez viste a Buffalo Bill hacer lo mismo en
El Silencio de los Inocentes.
Quizás pensarás que sería mucho más prudente permanecer en casa, alejado de miradas reprobatorias and, most importantly, cerca de tu armario (albergador de un infinito de zapatos y otras prendas que querrás lamer con regularidad.)
Por tentador que pueda parecer, lo revolucionario es pensar que no existe la necesidad de conducirse de manera prudente por la vida. La prudencia es un concepto tan ambiguo que con frecuencia, al desconocer su verdadero significado, nos paralizamos y optamos por, simplemente, actuar del mismo modo que cualquier otra persona que no entre en consideración de los Criterios DSM-IV.
La principal razón por la cual esto está mal es que no estamos siendo sinceros con nosotros mismos, no nos estamos aceptando. Te sorprenderás al ver que, cuando comienzas a hacerlo, el resto de la gente adopta la misma actitud para contigo. Es más, es muy probable que consideren tus "peculiaridades" encantadoras y, en ocasiones, hasta irresistibles.
No es inconcebible pensar que hay alquien allá afuera a quien le encantaría compartir contigo un sin fin de hermosas veladas realizando y revisando, una y otra vez, inventarios de tu colección de rocas, fósiles y demás pertenencias; largas caminatas tomados de la mano (claro, tú con guantes) evitando pisar rayas a toda costa o, tal vez, teniendo prolongadas charlas al calor de una chimenea acerca de los enemigos invisibles que roban tus ideas a través de impulsos eléctricos, OVNIS y conspiraciones.
Cosmopolitan siempre ha tenido la razón, no es posible encontrar a tu media naranja si no te muestras tal y como eres.
A continuación, una serie de tips y consejos prácticos para la vida diaria haciendo uso inteligente de tus sentidos:
Respira. Siempre y cuando sea a través de un cubre bocas. Nadie es inmune a la invisible pero aún así, muy presente, amenaza de bacterias y gérmenes. Es algo que ya deberías saber.
Escucha. Todos los sonidos y palabras son sabiduría. Sin importar de que entidad imaginaria provengan.
Observa. Es la única manera a través de la cual estarás alerta a posibles ataques de personas, animales o cosas (reales o no) en búsqueda de algo que sólo tú tienes, el secreto de la vida.
Toca. No te prives a tí mismo de la hermosa sensación al tacto de pies y cueros cabelludos de desconocidos por miedo a reacciones violentas o al famoso "que dirán."
Saborea. Nuevamente refiriéndonos al acto de lamer suelas de zapatos. Además de ser sabrosas, hasta en ocasiones dulces (de manera similar a las gomitas), sus propiedades vitamínicas y su aporte protéico son un hecho innegable.
Ojo: Es importante tomar en consideración que muchos individuos ilustres a través de la historia han sido juzgados de manera errónea por su comportamiento, frecuentemente considerado como irregular, errático y extravagante. Sin embargo, todos ellos, personas únicas y persistentes, nunca se vieron frenadas u obstaculizadas en el sendero del logro.
Lo anterior, de ninguna manera, afirma que seas un genio. Es más, puede que con Einstein únicamente compartas el entusiasmo de arrancarte las uñas de los pies con los dientes, la afinidad por frotarte a ti mismo contra animales de granja y el peinado. Aunque esto no quiera decir que serás el autor en potencia del equivalente intelectual de la Teoría de la Relatividad, no es motivo para que no te des a la tarea de formular una propia, quizás aquella cuya hipótesis sea la probabilidad de crear diamantes a partir de la reacción generada por una mezcla entre tu orina y heces fecales con carbón comprimido.
Una vez que estés dispuesto a actuar completamente de acuerdo con tu ideología y/o compulsiones, probarás que Darwin ha estado mal todo éste tiempo: no eres tú quien debe de adaptarse a las circunstancias para poder sobrevivir. Es al revés, tú eres quien pone las condiciones y es el mundo el que se moldea a tu enfermizo gusto.
Recuerda: "Tú eres el centro de todo y, por lo tanto, todos y todo dejan de existir en cuanto te retiras de un cuarto."
- Leovardo Melgar, indigente delirante local